El Martes 17 fue el cumpleaños del perro de mi tía, Kipling, y ella decidió hacer una cena con unos amigos y de postre me pidió que le hiciera una tarta de un perrito.
Hice un bizcocho más pequeño de los que suelo hacer porque no eramos muchos.
Lo rellené con dulce de leche (a pedido de mi tía y en honor a nuestros orígenes) y lo mojé con almíbar de pera.
Una base verde, como si estuviese en un parque y modelé la imagen como siempre suele estar el cuando se pone a jugar.
Muy posesivo, porque no suele devolverte los juguetes que le tiras, y menos si son los huesos.
Un flequillito como tiene en su cabecita.
Al final la tarta fue un exitazo, les encantó.
A vosotros que os parece?